Testimonios

Desde hace tiempo, un grupo de personas amigas hablábamos de hacer algo para el momento de jubilarnos, y pensamos en una residencia autogestionada, era un proyecto al que llamábamos “abuelandia”. Pero como suele ocurrir la realidad de nuestras vidas se impuso, y estar en momentos vitales diferentes, no ayudó a forjar un proyecto. Después apareció, casi por casualidad, el concepto de Cohousing. Descubrir este modelo nos dio mucha tranquilidad personal, la certeza de saber que si una de las personas de la pareja faltaba, la otra estaba en un entorno amigable y seguro donde seguir viviendo. A este descubrimiento, se une el hecho de vivir en una casa terrera con barreras arquitectónicas, por lo que teníamos claro que nos quedaba una mudanza definitiva por hacer y no podíamos esperar muchos años para llevarla a cabo.
En septiembre de 2019 vimos un cartel de una charla sobre Cohousing que se hacía en la Biblioteca Municipal de Arucas, y allá que fuimos. Entramos en la Asociación Semilla del Norte y comenzamos a trabajar con mucha implicación uniéndonos a quienes ya llevaban unos años trabajando. Cada formación y encuentro en el que
participábamos y cada libro o documento que leíamos sobre el tema nos reafirmaba más en que este era nuestro proyecto de futuro. Y así comienza nuestra aventura.

Begoña Rodríguez y José Miguel Marrero



Tengo 71 años y desde hace 7 años me acompaña la enfermedad del Parkinson. Me considero un activista mayor. Hace tres años, empecé a reunirme con otras personas que nos interesábamos por las Viviendas Colaborativas. Hoy, sé que me faltan muchos conocimientos e innumerables cualidades y me veo obligado a aprender todo el tiempo, a compartir ideas, plasmarlas y llevarlas a la práctica.
Sin embargo, tengo compañeras y compañeros de viaje que nos hemos encontrado trabajando en esa idea de compartir el resto de nuestras vidas. Estamos inmersos en un proceso de aprendizaje contínuo. Hemos emprendido un viaje al centro de la comunidad humana y también al centro de cada uno, mi centro, mi interior donde reconozco mis defectos y descubro virtudes que no sabía que tenía. Sentados alrededor y en el Fuego de nuestra Pasión descubrimos nuestro latir común, esas ondas electromagnéticas que nos hacen vibrar en otra dimensión, en ese algo que llamamos "Nosotras/os".
Mi pequeño Yo se ve transportado a un mundo rico en matices, donde cada uno de las viajeras aporta su grano de arena y en conjunto es más que la suma de los individuos. Hoy empiezo a vislumbrar que los conflictos son una oportunidad única para verme, conocerme y crecer. Entender las opiniones de los demás caminantes.
Las viviendas colaborativas son un canto a la diversidad, un canto a la naturaleza, un canto a la solidaridad. Son una esperanza para los que vienen después, al intentar crear un modelo sostenible, que conserve los recursos naturales para las futuras generaciones y así tener una oportunidad de seguir viajando con nuestro maravilloso "hogar Gaia" a través del cosmos.
No sé si llegaré a vivir en la vivienda colaborativa. Tengo una una gran esperanza y certeza: lo estamos intentando con todas nuestras fuerzas. Y sé que el viaje es la meta.

Jörg Morguenthaler

Desde muy joven he sido una persona activa y comprometida con movimientos sociales, sindicales y feministas. Al alcanzar los 60 he tomado consciencia de que mis capacidades para hacer frente a nuevos retos siguen latentes.
Por ello, unos de mis retos es conseguir junto a otras personas hacer visible y real un cohousing intergeneracional, que nos permita compartir conocimientos, experiencias y habilidades, donde valores como la empatía y la comprensión faciliten el entendimiento, donde no interpretemos la vejez como una enfermedad, donde podamos combatir el aislamiento y la soledad tanto de jóvenes como de mayores.
En definitiva, comprender que somos parte del mismo planeta y las viviendas colaborativas son un modelo que posibilita la convivencia de diferentes generaciones.

Paqui Martín

Hace unos 8 años, un grupo de personas, algunas conocidas y otras no, unas jóvenes y otras mayores, tuvimos la oportunidad de poner en marcha un huerto ecológico, con mucha ilusión y empeño, al cabo de no mucho tiempo, además de las tareas agrícolas empezamos a compartir conocimientos, recursos e ilusiones. Habíamos creado una comunidad donde todos y todas participamos, nos ayudamos y lo pasamos muy bien. Por nuestra cabeza empezó a rondar la idea de que podríamos dar un paso más e intentar buscar un lugar donde pudiéramos compartir el resto de nuestra vida entre amigos.
Un grupo de nosotros/as tuvimos la oportunidad de vivir en comunidad con otras personas, en un precioso entorno, siendo partícipes además de algunos recursos comunes como lavandería, herramientas, jardines, etc. También disfrutamos de tertulias, paseos, celebraciones y cuidados mutuos. Aprendimos que para vivir en armonía es necesario tener unos valores comunes, una visión común y también una forma de organizarnos de manera horizontal, donde imperen el respeto y la confianza.
Estas experiencias nos han enseñado que es posible otra manera, mucho más enriquecedora y sostenible, de vivir esta nueva etapa de la vida. El cohousing nos permite compartir con otras personas los mismos valores, nuestro tiempo, nuestras aficiones, compaginando la vida privada con la vida en comunidad, cuidándonos mutuamente. Así nos enriquecernos, combatimos la soledad y el aislamiento, y al mismo tiempo vivimos en armonía con el entorno natural.

Araceli Suárez y Jorge Arencibia

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